viernes, 8 de julio de 2016

: COLOMBIA AMBIENTALMENTE ES UN PAÍS CATATÓNICO.

:   COLOMBIA AMBIENTALMENTE ES UN PAÍS CATATÓNICO.

Con este artículo quisiera complementar el tema de la desprotección de nuestras cuencas hidrográficas, analizadas tangencialmente, la vez pasada, cuando hice referencia al dragado del rio Magdalena.                                                                                                                                                                 
 En Colombia vivimos en una especie de estado catatónico permanente con nuestra realidad, nos encontramos ante una situación en donde nos damos cuenta de todo lo que pasa a nuestro alrededor, pero en la que no podemos hacer nada para contrarrestar los hechos anómalos que se suceden a diario y por millones, pues nos encontramos paralizados, catatónicos, somos una sociedad petrificada ante los sucesos adversos y a sus soluciones, y desbordados por estos con la manera a la colombiana de afrontar los problemas o las calamidades, o sea, por un lado, puede ser, rezándole a un dios inexistente o incapaz de cumplirle a todo el mundo la avalancha de ruegos personales de que con un milagro solucione las cosas malas que nos pasan, y que paralelamente nos ponga a vivir en el nirvana, o en el paraíso o en el cielo; o en su defecto, deseando con todo el alma que aparezca una persona, el líder, el adalid que recoja sobre sus hombros las frustraciones y la desesperanzas de toda una Nación, encontrando, él solito, el camino del éxito, sin que los demás tengamos que hacer esfuerzos, siendo así las cosas, las soluciones no se concretan o no se producen pues a los colombianos, en general, nos gusta el camino fácil, las soluciones rápidas, los análisis inmediatos y los logros sin esfuerzo, eso sí, después de crear y nombrar comisiones para que investiguen.                                                                                                                                                   
 Y para la muestra quiero mostrar el siguiente botón, el de la deforestación y la reacción estatal, gubernamental, nacional, empresarial, institucional, individual, social o como queramos o pensemos, ante este hecho, lo respaldo con las siguientes cifras que pueden ser encontradas fácilmente por cualquiera en las fuentes que menciono :                                                                                    Comienzo señalando que Colombia tiene una extensión de 1.141.748 kilómetros cuadrados, que es lo mismo que 114.174.800 hectáreas, y que, según datos del Min-Ambiente y el IDEAM, entre 1.990 y 2.010 se desforestaron 6.206.000 hectáreas, o sea el 5.4% del territorio nacional.                                  Las cifras recientes muestran que el panorama es todavía más desolador, y sin control de ninguna especie por el Estado, pues las herramientas técnicas para contrarrestarlas están politizadas o cooptadas por los particulares, el apocalipsis ambiental es tan evidente que las cifras de desforestación son tan gigantescas y las soluciones o reacciones tan mínimas o ridículas que dan grima, por lo que sigo dando cifras tal cual han salido en los diferentes medios de comunicación, como que entre el 2.011 y el 2.012 se desforestaron 295.892 hectáreas (1.6 veces el departamento del Quindío) y que en el 2.013 se desforestaron otras 190.933 hectáreas (242.000 canchas de futbol), mientras tanto, la reacción a la catástrofe ambiental ha sido la siguiente, entre el 2.010 y el 2.013, según datos oficiales, aportados por el Min-Ambiente y Min-Agricultura, por concepto de Certificados de Incentivo Forestal (CIF), los particulares han reforestado 101.000 hectáreas, y por intermedio de las CAR, en Colombia se han reforestado 89.000 hectáreas, como quien dice que en el periodo 2.010 al 2.013 hemos reforestado 190.000 hectáreas mientras se han desforestado 486.825, una diferencia en negativo de 246.825 hectáreas en solo 3 años, más de 80.000 por año.                                                                                                                                                   Haciendo un análisis a la ligera, como nos gusta en Colombia, las perspectivas a futuro son desesperanzadoras y desastrosas, ya que si de esas 114 millones de hectáreas descontamos las áreas correspondientes a las ciudades, municipios, pueblos, carreteras o infraestructura, que lo que queda de selvas y bosques es tan precario que la supervivencia de las futuras generaciones de colombianos no se puede garantizar ni asegurar.                                                                                                                                    
  Quiero rematar la puntada, con la siguiente aguja sin dedal, al botón de la desforestación, y es la respuesta del Min-Ambiente, a través de Urna de Cristal, sobre la pregunta de cuantos arboles necesita un ciudadano para obtener el aire necesario para vivir.   Según nuestro actual gobierno, en Colombia una persona necesita 130 metros cúbicos al año de oxígeno, y como cada árbol de nuestras selvas y bosques generan o producen 273 metros cúbicos de oxígeno al año (supone uno que saben cuántos hay por hectárea de bosque o selva), y como, a la vez, todas nuestras ciudades y pueblos están rodeados de esas selvas y bosques intocados e intocables, aquí, en Colombia, un árbol es suficiente para darle oxígeno a dos personas.                                                                                         
 Si tomamos como referencias los conceptos técnicos o científicos que sobre el tema se han presentado en el mundo, podríamos notar los cambios gigantescos que sobre el mismo se han suscitado, mencionar que en 1.997, en el Congreso Mundial Forestal en Turquía, los especialistas hablaban de que un árbol era suficiente para darles oxígeno a 12 personas, para conocer que cinco años después, en el 2.001, el Banco Mundial (BM) registraba un cambio abismal al respecto, al conceptuar que eran necesarias 1.5 hectáreas de bosques para garantizar el oxígeno necesario por persona.                                                                                                                                                               
 Desgraciadamente, y no creo adivinar, en Colombia seguimos aplicando el concepto del 1.997, por más que la cruda realidad nos diga que deberíamos aceptar y poner en práctica el del BM.                                     
Las condiciones naturales de Colombia, que siempre han sido vistas como ventajas en el resto del mundo, están siendo menospreciadas, desperdiciadas, despilfarradas por una sociedad, como la nuestra, que es incapaz de entender que estas están directamente relacionadas a sus fuentes hídricas, y estas a su vez directamente relacionadas a los árboles, es un circulo que desde siempre hemos intentado destruir y que estamos a tiempo de reconstruir.                                                                       
 El agua siempre ha sido el pasado, el presente y el futuro de Colombia, la debemos proteger y valorizar, la minería es solo un mal rato que debemos superar.

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