viernes, 16 de septiembre de 2016

¿SUCEDIÓ O PASARÁ?

¿SUCEDIÓ O PASARÁ?

Se rascan sus panzas vacías unas bestias hambrientas y adoloridas, esas que esperan a los hombres en las vueltas de las esquinas, en los sinuosos y polvorientos caminos que hemos ido trazando desde antes en nuestros destinos.

Surgen entonces constantes quejidos de dolor en el ambiente, ruidos que se pegan, que se atollan a la piel, transformando en hiel el simple hecho de estar vivos.

Una angustiosa realidad, sea esta individual o general, empuja a muchos a escoger entre la muerte o la vida, pues somete a todos a creer que la chispa de la misma es jugarla en un segundo sin que se pierda en ese intento absurdo.

El asquiento olor de muerte se expande por doquier, el viento se regocija haciendo esta tarea, mientras en la tierra, o debajo de ella, aguardan su momento esas fieras que se alimentaran de las otras bestias sorprendidas.

Por ello, en un instante, en menos de un segundo, en la máxima explosión de una emoción, donde con toda su pasión alborotada la despavorida muerte se aferró a la vida, quitándole sentido a lo que estaba escrito, en el preciso instante en que el hombre se alejó de su camino, o se olvidó de su destino.

Atrás, en los confines del tiempo y la memoria, cuando la vida tenía más sentido que la muerte, cuando las mentes de los hombres aun creían en ella, mucho antes que Matusalén o Maquiavelo, justo cuando Nostradamus imaginaba y creía en la existencia de un paraíso terrenal, cuando eso era natural, y que no ha sido nada distinto a la felicidad de sentirse vivo y comprometido con todo aquello que respira y crece, pero que es lo que hoy fenece  en las manos ensangrentadas, maniatadas y vendidas del ser humano, dizque moderno, que por una simple, triste y fugaz moneda de oro, o lo que sea, está entregándole su alma al diablo, el mismo personaje que en el Apocalipsis cabalgaba a las espaldas de la muerte, cantando y loando la nueva religión, ésta que atrapó y convenció al hombre actual, y que por no actuar, la está pudriendo y perdiendo con su propia desidia o ignorancia.




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