Dedicados a soñar, como probable solución contra las erráticas decisiones tomadas, jamás tomamos en cuenta que no tenemos presupuestadas las pesadillas que a borbotones luego surgirán desde las fuentes impuestas por otros, al no saber ni tampoco decidir desde nuestros interiores crearlas, pues estamos supeditados, acostumbrados y educados para proceder a partir de ajenos esfuerzos, aún sabiendo y reconociendo que sólo beneficiaran a ciertos externos personajes, que son los que han entendido y aprendido el cómo obtener los beneplácitos de los ilusos.
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