EN EL BANQUETE DE UNOS SERES INERTES
Nos hemos vuelto expertos en la anatomía del desastre, capaces de realizar análisis intelectuales quirúrgicos sobre nuestra propia caída, pero carecemos de la musculatura moral para detenerla, es una indolencia asumida: nos gusta el sabor del sometimiento porque nos exime de la responsabilidad de la libertad. Mientras los forajidos empoderados coligan sus demencias para asfixiar lo común, nosotros, la mayoría "civilizada", nos hundimos en un pasmo que raya en lo erótico, minimizando la infamia hasta que se vuelve parte del paisaje cotidiano.
Hoy, la realidad es un hospital a cielo abierto donde los dementes dirigen las cirugías y los pacientes aplauden la hemorragia. El medio ambiente, necesitado de solideces saludables, termina siendo el vertedero de una humanidad que ha decidido que es más cómodo existir en el sueño que resistir en la vigilia. Al final, si nada nos importa es porque hemos permitido que el miedo nos anestesie el juicio, dejando que la historia sea escrita por el trazo errático de una diarrea moral que, ante nuestra mirada enmudecida, terminará por sepultar incluso el refugio de nuestros propios sueños. (con IA)
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