Batidos, tal cual huevos revueltos, nuestros cerebros parecen tortillas fritas, notándose así al trepanarlos, con sus tejidos totalmente incapacitados para funcionar, al sentirse coagulados ante los continuos racionamientos que exigen razones y análisis serios, por cuanto se tienen que obtener claros conceptos frente a las situaciones generadas, con respecto a los pasos consiguientes a dar, en cuanto es una prioridad encontrar el camino preciso y directo para desarrollar de inmediato sociedades dispuestas a existir unidas monolíticamente, a pesar de las presiones que son recibidas por sus miembros, a partir de sujetos aviesos que se han tomado sus vocerías, individuos especuladores, arbitrarios y corruptos, empecinados en destruir escenarios que puedan llegar a permitir, o faciliten producir, así sean escasas, probabilidades hacia movimientos colectivos.
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