Estando todos ubicados en la antesala de los miradores de la dimensión siguiente, somos simples espectadores pasivos de las andanadas de sucesos que vendrán después de improviso, una inesperada secuencia de sucesos ralentizados, programados por los órganos que componen, hasta el instante anterior un bloque monolítico, de unos cuerpos desmenuzándose, habiendo estado entretejidos por compendios de elementos y sustancias en constante descomposición, dispuestos a abatirse sobre las neuronas de cada organismo, con la perentoria intención de ejecutar cortocircuitos que hagan desconectar los recuerdos de unas conciencias, que hacia el final de sus programaciones naturales fueron atribuidas a unas existencias exitosas, por más que las sumatorias de sus acontecimientos se consideraron realidades fallidas, mientras estuvieron deslumbrados con vida, durante los escenarios que atravesaron con los eventos, que los transformaron para hacer del planeta el cementerio que los actos ya vueltos hechos desde entonces vislumbran.
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