La rampante inmoralidad, en la cual se desenvuelve la especie humana de forma casi natural, a través y por conducto de personajes representativos del desprecio colectivo, es una nítida evidencia de las graves repercusiones que se avecinan por culpa y motivo de la descomposición ética a la que ellos con orgullo representan, avizorándose ésta cómo el fenómeno que afecta la permanencia selectiva, además de evolutiva, asunto que se vuelve cada vez más repulsivo hacia la existencia en general, a partir de individualidades conflictivas, optadas por sociedades represivas, reaccionando violentamente contra los resultados de sus anteriores tomas de decisiones irracionales y absurdas, sobre poblaciones humanas que han sido y fueron dejadas al azar de los vaivenes económicos que emanan directamente de las codicias y avaricias personales, siendo al final producto de los afanes que surgen por querer algunos individuos privatizar las riquezas comunes, por eso la única opción que se nos presenta en el horizonte de eventos futuros es atengámonos a las consecuencias.
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