LA APATÍA POR NO EJERCER NINGÚN PODER GESTA DEPREDADORES SOCIALES
Con la aspiración de tocar, por medio de una reflexión particular, una fibra sensible y muy real de la dinámica social y política: el correspondiente al vacío de poder, quiero indicar y señalar que el espacio que uno deja vacante por desidia, subestimación propia o indiferencia, no se queda vacío; es ocupado de inmediato por fuerzas que, muchas veces, no tienen los mejores intereses colectivos en mente, lo cual trae consigo varios tópicos:
1. La Trampa de la "Insignificancia"
Cuando un individuo se convence de que es "insignificante", comete un primer error estratégico. Esa autopercepción es la herramienta favorita de los regímenes y las élites ambiciosas: un ciudadano que no se cree actor de su propia vida es un ciudadano que no estorba.
2. En segundo lugar, corresponde a un "Suicidio" Civil que ocurre en paralelo a la Ineptitud social, conllevando en ambos casos hacia conductas irracionales. Renunciar a la toma de decisiones es una forma de suicidio individual. Al desvincularse de la "cruda y dura realidad", las personas entregan las llaves de su destino, dando como resultado que los "conductos y procedimientos colectivos quedan libres de obstáculos para quienes buscan el beneficio personal o la acumulación de riqueza. 3. Los personajes de "Pacotilla"
Es un término punzante pero preciso. Quien actúa de pacotilla: Subestima el peso de su presencia.
Regala el terreno que le pertenece por derecho de existencia.
Facilita que personajes extraños (oportunistas o tiranos) transiten por caminos que deberían estar vigilados por la colectividad.
4. En Resumen: El Escenario no Espera. La vida es una representación personal, como ese "espectáculo particular" que se genera con la simple presencia, no tiene intermedios para los que no quieren actuar. Si los actores legítimos no salen a escena, la obra no se detiene; simplemente cambia de guion a uno escrito por quienes sí están dispuestos a ejercer el poder, a menudo a costa de los ausentes.
"El precio de la apatía hacia los asuntos públicos es ser gobernado por hombres malos." — Esta máxima de Platón resuena perfectamente para este contexto.
La inoperancia, indiferencia, indolencia y el importaculismo profundiza en las consecuencias directas de ese "escenario vacío" que mencionábamos antes: la aparición del depredador social. Lo cual describe una transición de la negligencia individual a la vulnerabilidad colectiva, donde la "decencia" del oportunista no es más que un camuflaje funcional.
Aquí entonces surgen otros puntos clave de esta fase de la reflexión:
5. El Oportunismo como Patología del Carácter
Es importante y necesario etiquetar al oportunista no solo como alguien astuto, sino como un delincuente en potencia. Sugiriendo que la diferencia entre un ciudadano y un bandido es, a menudo, la presencia o ausencia de un mínimo control.
6. La máscara de la decencia: El oportunista utiliza las normas de cortesía y la confianza como un "caballo de Troya" para infiltrarse en los espacios de toma de decisiones.
7. La ferocidad latente: Su naturaleza se activa solo cuando el costo de la fechoría es menor al beneficio, es decir, cuando el camino está despejado.
8. La Generosidad como Flanco Débil: Planteo así una paradoja dolorosa: la confianza y la generosidad —pilares de una sociedad sana— se convierten en la infraestructura del robo cuando no van acompañadas de vigilancia. El error del "semejante" no es ser bueno, sino ser ingenuo al no dimensionar el alcance de la ambición ajena.
9. El Empoderamiento del Bandidaje
Lo más crítico del esbozo reflexivo es la descripción del panorama actual: el bandido empoderado.
10. Ausencia de fricción: El delincuente moderno no necesita forzar las puertas; las encuentra abiertas por una sociedad "abstraída, desunida o dormida".
11. Globalización del fenómeno: Al insinuar que es algo ocurriendo en todo el mundo, quiero sugerir que estamos ante una crisis sistémica de autoridad y cohesión social, donde el control ha sido sustituido por la impunidad.
12. La Realidad del "Sueño" Ajeno
Estar "entre los sueños de los oportunistas" es, en esencia, ser el recurso de nuestras pesadillas. Para ellos, el prójimo no es un fin en sí mismo, sino un medio o un obstáculo que ha decidido quitarse de en medio.
"El mundo es un lugar peligroso. No por causa de los que hacen el mal, sino por aquellos que no hacen nada para evitarlo". — Esta idea de Einstein parece ser el cierre lógico a la advertencia sobre las sociedades dormidas.
¿Será acaso que semejante "abstracción" de la sociedad es un producto deliberado de los sistemas de poder, para facilitar el camino a los oportunistas, o es simplemente una fatiga moral de la civilización?, dejo a criterio de quien lea la reflexión su propia respuesta o conclusión.
______________