Recuerdo con singular atención la exactitud del preciado momento en que mi edad se emparejó con la del hijo, él empeñado en avanzar hacia objetivos personales, así sean un supuesto final, mientras que yo, más cercano al mío, me encuentro retornando al comienzo de la toma de conciencia existencial, el mismísimo lugar en que ambos formamos las masas que ahora nos separan corporalmente de nuestras metas soñadas.
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