Creyendo estar demasiado acostumbrados a gastar lo poco que ganamos, nos vendemos en vida mientras compramos nuestras tumbas particulares, conformándonos y no arriesgándonos a imaginar distintos o mejores escenarios colectivos, suponemos entonces que tenemos necesidad de asumir créditos personales que de antemano sabemos impagables, llevándonos a embargar e hipotecar nuestras existencias a sistemas que solo benefician a unos cuantos usureros, auto convenciéndonos con el falaz argumento de que tenemos tiempo para solventar codiciosos.
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