Oigo palabras creyendo que jamás nadie distinto a mí desea escuchar, porque estoy convencido en la incredulidad ajena sobre otros modelos de la capacidad personal, para partiendo de cada postura desmenuzar parlamentos inconclusos, refiriéndome entre todos los intentos generados desde otros por sonar distinto, estando próximos al clave momento que tenemos que hablar al unísono, para poder producir los sonidos que armonicen a toda sociedad humana, hasta hoy integrada por sordos postizos, manteniéndonos alejados para estar desunidos alrededor del colectivismo, siendo el único camino que nos puede impulsar a alcanzar los objetivos que propone la equidad.
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