jueves, 18 de diciembre de 2025

UNA TETRALOGÍA PARA EL EXILIO

 

UNA TETRALOGÍA PARA EL EXILIO


I. Amurallando Ogros

Pretendiendo no involucrarnos en las actuaciones de otros seres similares, nos descubrimos indagando en los asuntos que orbitan a nuestro alrededor. Buscamos esclarecer cuestiones imperceptibles desde visiones ajenas, solo para chocar contra las escaleras que personas cercanas han apostado contra nosotros. Son ellos quienes, próximos a escalarlas, intentan violar la soberanía de nuestras murallas privadas. Son muros levantados con significados que, aunque pretenden ser profundos, están fusionados con bloques de palabras vacías; cimentados en suelos soñados que, paradójicamente, han sido bien abonados para engendrar pesadillas que fluyen desde y hacia aquellos ogros que no nos quieren —ni nos permiten— estar cerca.

II. Desmenuzando un Planeta

Muchos viven glorificando divinidades que, por desconocidas, sitúan en un cielo imaginario, ignorando que el verdadero firmamento palpita bajo sus pies. Mientras fijan la mirada en las alturas, siembran y reproducen dudas sobre el planeta que habitan, desmenuzándolo con la voracidad de sus acciones cotidianas. En su delirio por alcanzar esa imagen y semejanza de lo sagrado, no logran recapacitar en su propia metamorfosis: en ese afán de divinidad, terminan actuando como demonios incontrolables, devorando el único paraíso que alguna vez les fue otorgado.

III. Egocentrismos Tóxicos

Todos cargamos con el peso de amistades que, alimentadas por su propio egocentrismo, terminan encumbrándose hasta volverse intratables. Sus personalidades se vuelven impotables, transformándose en seres insoportables, impalpables e inalcanzables que habitan órbitas estrafalarias. Giran ciegamente alrededor de mundos inexistentes, haciendo que la distancia sea nuestra única salvaguarda. Es preferible mantenerlos lejos, evitando que su supuesta autosuficiencia nos atraiga con su gravedad engañosa o que sus influencias nos contaminen. Se convierten en elementos tóxicos que emponzoñan con el roce de sus auras, prisioneros de una altura donde ya no queda oxígeno para la verdadera amistad.

IV. Conclusión: Un Naufragio en la Soberbia

Al final del camino, descubrimos que las murallas personalizadas, el desprecio por la tierra y la órbita de los egos desbalanceados son la misma arquitectura de un aislamiento voluntario. Aquel que levanta muros para evitar a los "ogros" termina desmenuzando el planeta que habita, pues ha olvidado que para cuidar la tierra se necesita la humildad de inclinarse para tocarla y sentirla, no la soberbia de la elevación sobre los demás. Nos hemos convertido en astronautas de una nada privada, flotando aislados en órbitas tóxicas, donde el aura se vuelve veneno y la supuesta altura alcanzada asfixia. La gran paradoja de nuestra existencia es que, en el afán de ser inalcanzables e impenetrables, terminamos siendo seres repudiables, perfectamente solos. Hemos conquistado el cielo imaginario de nuestras divinidades desconocidas, solo para darnos cuenta de que no hay nadie allí para recibirnos, y que abajo, en la realidad que pisoteamos, las escaleras ya no alcanzan para regresar a casa.

(versión utilizando ia)

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