sábado, 20 de diciembre de 2025

DIALECTICA SOBRE LO APARENTE Y LO CAUSUAL

 

Dialéctica sobre lo aparente y lo causal: 

El individuo como sujeto experimental de la realidad

Basándome en el texto de la obra de mi autoría, la que a continuación presento:

 SOMOS CULTIVADORES DE EXPERIMENTOS PARCIALES


Sembradas las acciones anteriores a los sucesos posteriores, cada espécimen humano, al igual que sucede con los de las demás especies, es un simple espectador del desarrollo de los hechos que engendraron, la mayoría de ellos se truncan, se secan y desaparecen, pero hay otros que crecen y florecen, para bien o para mal, entre el espacio que el tiempo permite modificar ante la mirada pasiva o activa, emanando concepciones mentales desde los individuos experimentales para una realidad trascendental, la cual va acumulando y mostrando las obras realizadas por cada individuo, exponiendo el paisaje final que dejan sin recapacitar que también en cualquier momento son organismos capacitados para cambiarlo.

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Esbozo con ayuda de IA el siguiente ensayo, con referencias de pensadores reconocidos, buscando ampliar la idea de la capacidad humana, planteando que en algún momento se pueda tomar el control de los eventos que forman y construyen la realidad.

Introducción

La naturaleza de la existencia humana puede ser comprendida como una sucesión de intervenciones deliberadas y contingencias azarosas. Bajo la premisa de que somos "cultivadores de experimentos parciales", se propone una visión donde el sujeto no es un ente aislado, sino un agente inserto en un sistema de causalidades temporales. El presente ensayo analiza la transición del individuo desde una posición de espectador pasivo hacia la de un organismo capacitado para la reconfiguración de su paisaje vital, fundamentándose en la praxis y la construcción de una realidad trascendental.

Con el determinismo de los sucesos y la fenomenología del simple observador el texto sugiere que las acciones preceden a los sucesos en una relación de siembra y germinación. Esta metáfora botánica ilustra el principio de causalidad diferida. En este sentido, el ser humano se sitúa inicialmente como un observador del desarrollo fenomenológico de sus propios actos. Esta condición remite a la noción de Dasein de Martin Heidegger, quien plantea que el ser humano es un "ser-en-el-mundo" arrojado a una existencia que debe interpretar mientras sucede.

Muchos de estos "especímenes" de acción se truncan, lo que en términos sociológicos podríamos denominar como entropía social. No obstante, aquellos que logran florecer lo hacen dentro de una ventana temporal que permite la modificación. Aquí, la dicotomía entre la "mirada pasiva" y la "mirada activa" resulta fundamental. Mientras que la pasividad acepta el devenir como un destino ineludible —lo que Jean-Paul Sartre denominaría "mala fe" (mauvaise foi) o la negación de la propia libertad—, la mirada activa reconoce en el tiempo una dimensión plástica, susceptible de ser moldeada por la intención del sujeto.

Las concepciones mentales y la construcción de la realidad trascendental son ladrillos de la pared que se levanta con la interacción entre el individuo experimental y su entorno, estando ésta mediada por concepciones mentales. Estas representaciones internas dotan de significado a la "realidad trascendental". Según esta lógica, la realidad no es un dato objetivo preexistente, sino una construcción que emerge de la acción. Hannah Arendt, en su obra La condición humana, define la "acción" como la capacidad de iniciar algo nuevo, un proceso que trasciende la mera supervivencia biológica para inscribir al individuo en la esfera de lo trascendental a través de sus obras.

Esta acumulación de obras constituye el "paisaje final", una síntesis de la biografía del sujeto. Sin embargo, este paisaje a menudo se percibe de manera acrítica. El individuo tiende a olvidar su rol de arquitecto, observando el resultado de su vida como una estructura fija. Esta percepción se alinea con el concepto de "reificación" de Georg Lukács, donde los productos de la actividad humana adquieren una apariencia de objetividad natural, ocultando el hecho de que son transformables por el mismo organismo que los creó.

El cierre del postulado ofrece una tesis sobre la recapacitación y la autonomía. Al definir al ser humano como un "organismo capacitado para cambiar" el paisaje en cualquier momento, se desafía el determinismo radical. Esta idea resuena con la filosofía de Maurice Merleau-Ponty, quien sostiene que el cuerpo no es solo un objeto biológico, sino un "nudo de significados vivientes" con una capacidad constante de reorientar su proyecto en el mundo, además de poderse amarrar con los otros.

La transición de ser un "simple espectador" a ser un agente de cambio requiere un proceso cognitivo de reflexión. La obra realizada, por tanto, no es el fin del experimento, sino un dato preliminar. Como afirmaba Viktor Frankl, la última de las libertades humanas es la capacidad de elegir la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, lo que permite modificar el "paisaje final" incluso cuando las condiciones externas parecen inamovibles.

Conclusión

En conclusión, la metáfora del cultivador nos invita a entender la vida como un laboratorio de experiencias inacabadas. La trascendencia no reside en la perfección del paisaje final, sino en la consciencia del individuo sobre su poder transformador. Somos experimentos en constante desarrollo y, al integrar la mirada activa, el sujeto deja de ser un mero espectador de su biología para convertirse en el autor de su realidad.


Referencias utilizadas:

  • Jean-Paul Sartre: Sobre la libertad radical y la responsabilidad de "hacerse a sí mismo".

  • Hannah Arendt: Sobre la acción como inicio y la creación de un mundo compartido.

  • Martin Heidegger: Sobre el ser arrojado al mundo y la temporalidad.

  • Viktor Frankl: Sobre la capacidad trascendental de cambiar la realidad interna y externa.

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