Pretendiendo no involucrarnos en las actuaciones de otros seres similares, nos topamos, de repente, indagando en los asuntos que orbitan a nuestro alrededor. Buscamos esclarecer esas cuestiones que resultan imperceptibles desde visiones ajenas, solo para chocar contra las escaleras que personas cercanas han apostado contra nosotros. Son ellos quienes, próximos a escalarlas, intentan violar la soberanía de nuestras murallas privadas.
Son muros levantados con significados que, aunque pretenden ser profundos, están fusionadas con bloques de palabras vacías; cimentados y enraizados en suelos soñados que, paradójicamente, han sido bien abonados para engendrar pesadillas. Pesadillas que fluyen desde y hacia aquellos ogros que, en su hostilidad silenciosa, no nos quieren, ni nos permiten, estar cerca.
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