jueves, 18 de diciembre de 2025

AMURALLANDO OGROS


AMURALLANDO OGROS

Pretendiendo no involucrarnos en las actuaciones de otros seres similares, nos topamos, de repente, indagando en los asuntos que orbitan a nuestro alrededor. Buscamos esclarecer esas cuestiones que resultan imperceptibles desde visiones ajenas, solo para chocar contra las escaleras que personas cercanas han apostado contra nosotros. Son ellos quienes, próximos a escalarlas, intentan violar la soberanía de nuestras murallas privadas.

Son muros levantados con significados que, aunque pretenden ser profundos, están fusionadas con bloques de palabras vacías; cimentados y enraizados en suelos soñados que, paradójicamente, han sido bien abonados para engendrar pesadillas. Pesadillas que fluyen desde y hacia aquellos ogros que, en su hostilidad silenciosa, no nos quieren, ni nos permiten, estar cerca.

Cuando el intruso alcanza finalmente la cima de la escalera y asoma su mirada tras nuestras almenas de latón, no encuentra el tesoro que tanto escondíamos, sino tan solo el reflejo de su propia desolación. En ese instante de desnudez, la muralla se revela como un espejismo: los ogros se desvanecen al ser mirados a los ojos, y solo queda el silencio de dos seres similares, aterrados por la misma falta de sentido, comprendiendo que el muro nunca fue para excluir al otro, sino para evitar el encuentro con el vacío compartido.

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