Muchos viven glorificando divinidades, aunque sean desconocidas, las creen habitar en un cielo, reubicando al firmamento real bajo sus pies, mientras crean y reproducen dudas sobre el planeta que ocupan, al que van desmenuzando tras sus acciones, sin llegar a recapacitar que entre los delirios de querer parecerse a imagen y semejanza de aquellos, están actuando tal cual si fuesen demonios incontrolables.
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