NO
QUEREMOS APRENDER LAS LECCIONES DE LA MUERTE
Muy despacio es como nos volvemos viejos,
pero siempre es mucho más veloz de lo previsto,
pues cuando llegamos al final de nuestras vidas,
al vernos allí nos damos cuenta que no estábamos preparados.
Aunque hay pocos seres humanos que llegan de repente,
y a algunos otros les sucede rápidamente,
sin embargo, para todos,
arribar hasta el final es hacerlo sin guías, lecciones ni
protocolos.
Las instrucciones que nos dan desde el principio,
es vivir plenamente y no pensando en finales ni en la
muerte,
sin comprender que todo el tiempo los tenemos muy presentes,
reaccionando a su presencia asustados y tardíamente.
Es entonces cuando aparecen en los humanos los temores,
llegando a raudales los lamentos y en algunos casos con protestas,
desconociendo que deberíamos estar todos listos y aceptándola,
recibiéndola felices por lo poco o mucho realizado.
Hasta hoy es un error mantener esta torpe actitud,
inclusive hay demasiados pensando en la eternidad como
posibilidad,
ignorando tercamente que la muerte está incrustada en
nuestros genes,
y que no la vamos a eliminar así la expulsemos de la mente.
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