EL SICARIO EJEMPLAR
El sicario, con sus manos aun manchadas de sangre, llega a
su hogar contento por haber cumplido su misión, y con ellas levanta sin reparos
a la hija que dice querer, que es el fruto que ha tenido con su amor repulsivo por
el mundo, en su mujer. Porque no
podemos evitar que el sicario también ame, así sepamos que solo sirve para
asesinar ilusiones con las vidas que destroza, pues a la vez sabemos que es un
ser que actúa convencido por el odio que siente hacia los otros, y no por la lógica
que nos rige a los demás. El
sicario, con su mente febril, glorifica la saña con que arremete en la muerte
de sus víctimas, así las destroce en el intento, pues se convence que ha sido
elegido por los dioses pervertidos que lo dirigen; el primero es el amor enfermizo
hacia una madre sufrida que lo aupó desde que nació convenciéndolo de ser el
instrumento de su redención, el segundo son las firmes creencias religiosas que
le enseñaron que en las almas de ciertos santos y demonios están las
protecciones de sus actos, el tercero es la sed del dinero con el que lo
convencen fácilmente los dueños del poder para ser su instrumento, el cuarto es
la propia familia que se cría alrededor de él aun sabiendo del dolor de donde
proviene la fuente de esos ingresos, el quinto es la sociedad que justifica,
con su incapacidad para actuar, lo inoperante del sistema.
Y
así podría seguir, hasta el infinito, enumerando a los nuevos dioses que nos
rigen, que hoy son esos iconos que se exhiben por doquier en las ventanas de los
nuevos templos del placer, como discotecas, museos, teatros o pistas de baile, que
como en los viejos vitrales bucólicos del ayer, nos muestran en ellos los caminos
torcidos por la violencia como el nuevo porvenir humano, y en donde el sicario
es solo una pequeña muestra.
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