lunes, 19 de diciembre de 2016

EL SICARIO EJEMPLAR

EL SICARIO EJEMPLAR



El sicario, con sus manos aun manchadas de sangre, llega a su hogar contento por haber cumplido su misión, y con ellas levanta sin reparos a la hija que dice querer, que es el fruto que ha tenido con su amor repulsivo por el mundo, en su mujer.                                                                                                                                                                    Porque no podemos evitar que el sicario también ame, así sepamos que solo sirve para asesinar ilusiones con las vidas que destroza, pues a la vez sabemos que es un ser que actúa convencido por el odio que siente hacia los otros, y no por la lógica que nos rige a los demás.                                                                                                                                                                  El sicario, con su mente febril, glorifica la saña con que arremete en la muerte de sus víctimas, así las destroce en el intento, pues se convence que ha sido elegido por los dioses pervertidos que lo dirigen; el primero es el amor enfermizo hacia una madre sufrida que lo aupó desde que nació convenciéndolo de ser el instrumento de su redención, el segundo son las firmes creencias religiosas que le enseñaron que en las almas de ciertos santos y demonios están las protecciones de sus actos, el tercero es la sed del dinero con el que lo convencen fácilmente los dueños del poder para ser su instrumento, el cuarto es la propia familia que se cría alrededor de él aun sabiendo del dolor de donde proviene la fuente de esos ingresos, el quinto es la sociedad que justifica, con su incapacidad para actuar, lo inoperante del sistema.                                                               

Y así podría seguir, hasta el infinito, enumerando a los nuevos dioses que nos rigen, que hoy son esos iconos que se exhiben por doquier en las ventanas de los nuevos templos del placer, como discotecas, museos, teatros o pistas de baile, que como en los viejos vitrales bucólicos del ayer, nos muestran en ellos los caminos torcidos por la violencia como el nuevo porvenir humano, y en donde el sicario es solo una pequeña muestra.


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