sábado, 17 de diciembre de 2016

CALI COMO ESPEJO DEL MUNDO

CALI COMO ESPEJO DEL MUNDO


Cali fue un hermoso lugar, cuando los Lilies aun vivían, porque ahora es una ciudad de Colombia, en Suramérica, que es una urbe grande, desordenada, caótica y bulliciosa, claro que hay que admitir que no es la única, que es habitada por huraños que se miran como extraños, y se esconden en sus casas porque les temen a los de al lado, a la vez que se odian entre sí, por si acaso; como igual está llena de personas desconfiadas, que a los ojos no se miran, ya que piensan que los otros los aojan, los maldicen o los rezan.                                                                                                                                                                   Cuando salen a las calles, sus habitantes no se visten con simples ropas, se transforman en violentos gladiadores, llevando puestas blindadas y brillantes armaduras, con las que siempre están listos a liarse en los constantes combates que se presentan a diario por los altos niveles de odio con que viven, en esa hoy jungla de excremento y de cemento.                                                                                                                                                     
Desde que amanece hasta que anochece, sus residentes rumian rabias permanentes, no permiten, ni por un instante que la calma los serene, pues dicen que es como poner una papaya madura en el reino del sinsonte, que son como esos alegres personajes, pero con siniestras intenciones, que siempre viven prestos al error de los que pasen por sus lados.                                                                         

También allí, en ese extraño lugar, se penaliza el aborto del feto no deseado, mientras que se ve morir de hambre a miles de niños harapientos que deambulan por sus barrios, al mismo tiempo que argumentan tener el mejor aparato de justicia, que es con el que llevan al infierno de la tierra a los millones de reos que internan, por cualquier cosa, en lo que llaman cárceles; mientras que el que tiene poder o tiene con qué, ese puede asesinar, violar y robar, que a ése solo le dan la casa por cárcel.                                                                                                                                                           
Es tan loco este lugar, que lo que antes era un paraíso, con flora, fauna, frutos y aguas a montón, ahora está a punto de convertirse en un desierto, por conservar la caña de azúcar, que es un cultivo pernicioso, a la par que es negocio de pocos para desgracia de todos los demás.                         

Comentan que allí los buenos sentimientos no existen, por eso el buen amor solo se muestra en los rincones más oscuros, porque los que lo llegan a exhibir, de esos dicen que están prostituidos, como lo está la conciencia de los que dicen eso.                                                                                                 
Aquí, como en el resto del mundo, el conocimiento ahora sirve para confundir y el ser humano que lo habita solo atina a rogar, en templos e iglesias suntuosas y gigantescas, para que sea un dios etéreo y misterioso quien le diga que hacer, por medio de enfermos psicológicos y mitómanos recalcitrantes, agotando su destino en silenciosos rezos.


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