CALI COMO ESPEJO DEL MUNDO
Cali fue un hermoso lugar, cuando los Lilies aun vivían, porque
ahora es una ciudad de Colombia, en Suramérica, que es una urbe grande, desordenada,
caótica y bulliciosa, claro que hay que admitir que no es la única, que es habitada
por huraños que se miran como extraños, y se esconden en sus casas porque les
temen a los de al lado, a la vez que se odian entre sí, por si acaso; como igual
está llena de personas desconfiadas, que a los ojos no se miran, ya que piensan
que los otros los aojan, los maldicen o los rezan. Cuando
salen a las calles, sus habitantes no se visten con simples ropas, se
transforman en violentos gladiadores, llevando puestas blindadas y brillantes armaduras,
con las que siempre están listos a liarse en los constantes combates que se
presentan a diario por los altos niveles de odio con que viven, en esa hoy jungla
de excremento y de cemento.
Desde
que amanece hasta que anochece, sus residentes rumian rabias permanentes, no
permiten, ni por un instante que la calma los serene, pues dicen que es como poner
una papaya madura en el reino del sinsonte, que son como esos alegres personajes,
pero con siniestras intenciones, que siempre viven prestos al error de los que
pasen por sus lados.
También
allí, en ese extraño lugar, se penaliza el aborto del feto no deseado, mientras
que se ve morir de hambre a miles de niños harapientos que deambulan por sus barrios,
al mismo tiempo que argumentan tener el mejor aparato de justicia, que es con
el que llevan al infierno de la tierra a los millones de reos que internan, por
cualquier cosa, en lo que llaman cárceles; mientras que el que tiene poder o
tiene con qué, ese puede asesinar, violar y robar, que a ése solo le dan la
casa por cárcel.
Es
tan loco este lugar, que lo que antes era un paraíso, con flora, fauna, frutos
y aguas a montón, ahora está a punto de convertirse en un desierto, por
conservar la caña de azúcar, que es un cultivo pernicioso, a la par que es negocio
de pocos para desgracia de todos los demás.
Comentan que allí los buenos
sentimientos no existen, por eso el buen amor solo se muestra en los rincones
más oscuros, porque los que lo llegan a exhibir, de esos dicen que están
prostituidos, como lo está la conciencia de los que dicen eso.
Aquí,
como en el resto del mundo, el conocimiento ahora sirve para confundir y el ser
humano que lo habita solo atina a rogar, en templos e iglesias suntuosas y
gigantescas, para que sea un dios etéreo y misterioso quien le diga que hacer,
por medio de enfermos psicológicos y mitómanos recalcitrantes, agotando su
destino en silenciosos rezos.
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