EL HOMBRE QUE NO EXISTE
En el año del señor, que es un punto de referencia para los
que creen que existió, un extraño personaje caminaba cerca de él, lo miraba
desde lejos con desdén, suponiendo que era otro loco pregonando verdades
imposibles e impensables; de esos que nacen por montón, de los vientres de
madres que los paren obligadas a pesar del hambre y además del odio al padre
que la fecundó.
Cierto día que se toparon de frente, cruzaron las miradas,
ese señor le sonrió y aquel hombre se asustó, pensó que alguien que hablaba del
amor entre los seres no era un hombre normal, supuso por eso que aquel gesto tenía
algo de sexual y desde ese instante lo convirtió en su enemigo.
A partir de allí, cada vez que hablaba de él, a los otros,
insinuaba que era una mujer en el cuerpo de un loco; desprestigió tanto a aquel
orador que desvirtuó el mensaje que éste intentaba esparcir, las personas poco
a poco lo empezaron a ver como una mujer, se burlaban de su fama, le gritaban marica
apenas lo notaban, se reían de su apariencia desordenada, le endilgaban cosas
necias que terminaron por desperdigar a sus creyentes, a los que nunca les
importó el contenido de esos mensajes.
Con el paso del tiempo esta anécdota se olvidó, de aquellos
hombres no quedó ni el polvo y hoy son nada, pero persiste en el mundo el miedo
a las verdades y el odio a los diferentes.
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