EL DESFILADERO HUMANO
Sin que cunda el pánico en el mundo, ni se revuelquen en sus
tumbas los herejes que murieron por ilusos o por idiotas, aún hoy hay personas
capaces de despellejar al prójimo, solo por sentir el vil placer individual de
ver sufrir a un semejante.
En
ellos la emoción de ver morir es superior a la razón de ser feliz, logrando así,
que en el recorrido del tiempo a través del universo, como raza, no hayamos sido
capaces de aprender de estos sucesos, generando que el humano se debata entre
el dilema de entender ser alguien importante por solo ser, o el de creer que
alguien crea en él, optando por lo último, por esto sin rumbo buscamos a ese dios
que nos convenza en lo que no podemos creer. Ante esto, los caminos
del destino universal, que es el mismo nuestro, y que antes eran incontables,
están hoy pavimentados para que los que caminen en ellos solo siga una misma dirección,
la que los conduce al despeñadero humano, un desfiladero emocional, que es este
peñasco imaginario y gigantesco que tenemos enterrado hasta la médula de los
huesos, en el que todos los humanos estrellamos nuestros sueños de una vida
ideal.
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