lunes, 24 de octubre de 2016

UN DIALOGO DE SORDOS

UN DIALOGO DE SORDOS

Locuazmente le hablaba un viejo a otro hombre de su muerte, le comentaba como haría para irse de este mundo, presagiando hasta la última idea que saldría de su mente.                                          

Se imaginó volando, por el cielo en solitario, viendo desde allí al planeta con desconsuelo, incluso se ilusiono en volver a recorrer sus suelos, pero lo obtuso de su visión le hacía ver mal lo que podía estar bien, y desde esa altura las tierras del planeta le parecieron una piel enferma.                          

Sangrante por doquier, con llagas infectadas, con cárcavas provocadas, con cicatrices visibles desde el sol, que se secaban de golpe y con dolor, convirtiendo al agua en vapor, y a la vida en una idea concebida en el dolor, matizada de terror.                                                                                                                                 
Dicen que le dijo al otro que las riquezas de algunos pocos sirven para financiar el destino compartido por todos, y que éste está en la búsqueda del oro, el problema es que ese capital se proyecta hacía el vacío de un universo extendido por las ambiciones personales, solo que en él los humanos actuamos como bandidos, sabiendo de antemano que a los que atracamos es a nosotros mismos.                                                                                                                                                   

Después de esto vino un silencio sepulcral, ambos hombres desasieron ese encuentro, pues entendieron el entuerto en el que estaban y lo poco que podían hacer para salvarse.


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