HABLANDO DE PÍRRICAS VICTORIAS
Dicen que Pirro, rey de Epiro, en la antigua Grecia, dijo en
una de sus más famosas batallas contra los romanos, la de Heraclea, “otra
victoria como esta y tendré que regresar a Epiro solo”, a raíz del altísimo número
de bajas que tuvo su ejército para lograr ganar esa batalla, y de donde nace el
termino o la expresión “pírrica o pírrico”, para referirse a un hecho u ocasión
en la que se sacrifica demasiado por un logro, así fuese este necesario para un
objetivo determinado.
Después de este
suceso, icónico del comportamiento humano, han sido numerosas, en la historia humana,
las guerras y batallas que se han desarrollado con los mismos resultados y
persiguiendo muchas de ellas objetivos cuestionables y hasta estúpidos, como un
jarrón.
Traigo
a colación el tema a raíz de los resultados del plebiscito en Colombia, donde
los que ganaron, o sea el no, amparados en sofismas, en miedos y en mentiras, están
apelando a ese triunfo como el caballo de batalla con el que campean sobre los
perdedores, para señalar que ha sido todo el país quien rechazó ese acuerdo,
cuando no es así.
Empezando
por las cifras, es un triunfo cuestionable, porque el que una minoría, algo más
que el 18% de la población, si consideráramos como un bloque homogéneo a los
que votaron el no, reclamen como victoria ese resultado, es de por sí un despropósito,
¿pero a quien le importa?
La opinión
desconocida del 63% de la población, y la del otro 18% que voto por el sí, ¿a quién
le importa?
Las constantes y permanentes altísimas
abstenciones deberían ser motivo suficiente para cuestionar las votaciones en
Colombia, ¿pero a quien le importa?
El
que el ambiente enrarecido, alrededor del plebiscito, con temas como la reforma
educativa presentada por una ministra declarada lesbiana, con todas las
iglesias enfrentadas a ella, con Uber y los taxistas mezclando su lío con el
plebiscito, con reforma tributaria, religión, discusión sobre géneros y sexos, ¿a
quién le importa?
A estas pírricas victorias ya estamos acostumbrados los
colombianos, ojalá en este momento histórico de paz con los grupos guerrilleros,
que tanto mal nos han hecho, no nos esté dejando el tren de la historia por
buscar un ideal, ese donde soñamos un país en paz y con progreso general, pero
dejando vivas las culebras de las dañinas clases políticas y la de la corrupción.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario