No hay asesinatos intrascendentes, todas las consecuencias vienen adheridas a consecutivas reacciones, unas más visibles que otras, el asunto se resuelve, más nunca se detiene, en cuanto la cadena productiva de eventos posteriores se topa con una nueva acción mortífera, con las consabidas repercusiones sucesivas, amarradas al árbol de la vida, que aunque parezca impávido, se retuerce hasta las raíces que se alimentan con savia letal, la cual ronda a una especie sedienta de objetivos desalmados.
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