Las superficies de nuestros dientes también son piel, hasta el nivel que nuestros mordiscos dejan desnudas las intenciones de las personas que se animan y atreven a consumir otras criaturas, las que luego se degluten, pudiéndose notar las interioridades que motivan tales aprendidas y perversas acciones, adquiridas con la fuerza que proporcionan las costumbres, porque de antemano todos intuíamos o sabíamos que eran organismos sintientes y conscientes del final que les esperaba, invadiendo nuestros cuerpos con sus temores, pero aún así nos las comemos.
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