LA APOTEOSIS DEL MAL EN EL PLANO TERRENAL
Estando las comunidades humanas comportándonos tal cual si fuéramos dóciles y sumisos compuestos físicos irracionales, integrados por seres actuando individualmente cómo simples espectadores pasivos de lo que viene ocurriendo cotidianamente en el plano material de un mundo cada vez más bajo el férreo control de parte de un dominio humano putrefacto, a partir de sujetos sagaces, avariciosos y codiciosos, conformando clanes mafiosos, sea aquí en Colombia o en la Conchinchina, por sustracción de la materia nos tenemos que ver enfrentados a una tesis demoledora y profundamente realista: el mal no triunfa por un fallo en el sistema material, sino porque el sistema material premia de forma natural los mecanismos del mal.
Al despojar a la realidad de ideales éticos abstractos para observar la pura dinámica de fuerzas, la apoteosis del mal se revela como una consecuencia pragmática.
En cuanto la acumulación material y el dominio sobre otros generan placer, seguridad e impunidad tangible, el mal deja de ser visto como un desvío moral y pasa a operar como la estrategia de supervivencia y poder más eficiente.
La anatomía de la supuesta apoteosis del mal desglosa cómo se construye esta victoria inapelable del mal en el plano terrenal mediante tres pilares:
1. La lección del resultado tangible
El aprendizaje humano se rige por consecuencias concretas. Si el uso de la astucia, la violencia o la manipulación intelectual produce riqueza, estatus y placer sin que exista un "castigo divino" o una fuerza física que restablezca la equidad, la mente humana valida la eficacia del acto. La impunidad material borra la culpa moral.
2. La posesión como virtud suprema
En una realidad dominada por la materia, la posesión es poder absoluto. Quien posee, transforma su entorno y somete a los demás; quien busca la equidad, a menudo se autoimpone límites que sus competidores no respetan. Así, la posesión se convierte en la única "verdad" palpable, eclipsando a la justicia, que queda relegada a una mera ilusión conceptual.
3. El sádico dividendo del placer
El triunfo del mal alcanza su apoteosis cuando el sufrimiento ajeno no solo se ignora, sino que intensifica el placer del dominador. Ver a otros incapaces de usar las mismas herramientas de acumulación le da valor y poder a la supuesta "superioridad" del poseedor, consolidando un desbalance permanente en las "rectitudes terrenales".
Conclusión:
Mientras la ética siga siendo un constructo mental o filosófico y la acumulación de poder material sea el único juez tangible, el mal continuará celebrando su apoteosis: no por ser deseable, sino por ser la fuerza más despiadadamente pragmática sobre la materia, así que mientras sigamos siendo pasivos y sumisos frente al estropicio ético y moral que viene sucediendo en el mundo humano, no nos podemos lamentar ni quejar pues es una consecuencia directa de nuestra indolencia.
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