Despojados de los impulsos geniales, para deshacer lo que por si acaso imaginamos proyectos vitales, concitándonos a recorrer los rincones que nos han dejado disponibles, entre oscuridades y basurales, después de tener que rezar pidiendo milagros, para de estas formas degenerar cualquier momento agradable, por el simple hecho de sabernos vivos, para nosotros y nuestros alrededores, quedando el resto del planeta a plena y total disposición de nuestros recalcitrantes enemigos, seres iguales pero dispuestos a blasfemar porque son ellos los dioses de este infierno cada vez más artificial.
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