Con los lastres de unos órganos ultrasensibles, hemos vivido arañando y rastrillando unas superficies con unos cosmos invisibles, que nos han hecho padecer sensaciones computacionalmente impensables, que han podido crear universos paralelos a la realidad confrontada en cada nuevo despertar, con emociones generadas por pensamientos similares a los emanados desde una inteligencia artificial, virtualidades incrustadas entre células siempre prestas a explorar dimensiones entrelazadas a unas neuronales explicaciones del por qué no tenemos otras visiones con respecto de una vida superior y mejor a la de los ácaros que nos acosan sobre los lechos o las camas, al pretender descansar bajo las nubes de los paraísos creados e inventados por codiciosos y aviesos matarifes humanos.
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