Pareciendo pacientes, aunque vivamos desesperados, frente a los frescos que sudan a cuentagotas en cuanto se ven sorprendidos con las manos en las masas de sus recurrentes delitos, después de reconocer las dudas que tenemos los pelotones humanos, al ir tomando conciencia de estar haciendo parte de las huestes que conforman los ejércitos que solo sirven para asesinar las esperanzas colectivas, de una desconcertada especie ante el descontrol que usufructúan los directos responsables de un medioambiente cada vez más destrozado por sociedades dizque civilizadas estando totalmente desviroladas.
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