NUESTRAS RENDIJAS DESCONECTANTES
Dependiendo de las formas cómo amparamos, defendemos o justificamos nuestras posturas personales, la mayoría de las veces siendo defensas argumentativas requeridas, sin embargo, con las pocas innecesarias, terminamos socavando las conexiones comunes, generando corrosivas reacciones que proceden desde opositores siempre atentos para beneficiarse del evidente desorden que se reproduce detrás de la desconexión general, por consiguiente, es un engendro qué se ve multiplicado por las cantidades enormes de personas distanciándose por nimiedades, al no concebir que sus posiciones individuales contradictorias son los orificios de ingreso por donde se filtran las personas atentas a nuestras desavenencias, a través de las cuales buscan esas pequeñas rendijas espaciales, porque son por donde logran agrandar las grietas que imposibilitan las conjunciones amistosas del conjunto de la especie humana, logrando ensanchar las divisiones que separan las concentraciones necesarias para conectarnos, distanciándonos de la posibilidad de una especie de índole colectiva.
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