Al morir nuestros progenitores, sus memorias van encontrando rincones entre los espacios en donde se terminan instalando, sin reclamar recuerdos a ajenos, incluyendo a vástagos en plan de reproducir sus herencias genéticas, con respeto y con respecto a sus acciones procastinantes, durante los lapsos que duraron sus materias dando giros en las dimensiones que luego todos también recorreremos y ocuparemos, porque nuestras sustancias y elementos materiales hacen parte de existencias con ciclos repartiendo la energía que aquellos algún día por su propia voluntad nos dieron.
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