Clarificar la oscuridad que nos rodea, tiene que ser consistente con la filtración previa que se realiza contra los elementos perniciosos que no fueron tomados en cuenta, y por ende no se purificaron, al confiar ciegamente en los orígenes de sus extracciones, sin proceder a escarbar entre los escombros que han dejado, constatando el alto nivel de laxitud personal, de la que se aprovechan luego los malandrines, peligrosos personajes disfrazados de prestigiosos, al disponer de certezas sobre nuestras fiadas reacciones, con respecto a creencias insustentables, pero que se absorben aceleradamente, incluso sin tener la necesidad de respirar, dejándolas instaladas en las neuronas, para que procesen instintivamente los pensamientos, desconociendo las consecuencias posteriores, cuando ya se hace tarde vomitar en cuanto que el error o el mal quedó instaurado, y además ratificado, para que los otros seres que se mueven a nuestros alrededores ni siquiera sospechen de los engaños ni tampoco les teman.
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