Vendida de antemano la idea de la perfección, vaciada suposición, aunque sustentada en repetitivas acciones sustractivas de algunos de sus integrantes, las poblaciones humanas entregamos, sin recibir mucho a cambio, qué no sea la desconfianza completa, entonces terminamos facilitando la extracción de la materia gris individualizada, contaminada de suspicacias y desgracias, conjuntos de expectativas correspondientes para una especie que se multiplica descontrolada, en espera de completar ciclos en que se repartan equidades circunstanciales, permaneciendo mientras tanto agredidos en medios sustanciales, apenas sobreviviendo entre planos existenciales.
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