Tanto nuestros organismos, cómo el planeta en sí mismo, tienen puntos neurálgicos, que definen quién, dónde o cuándo se pueden afectar con solo tocar, para reproducir reacciones voluntarias en situaciones colectivas, empero, la situación de violencia manifiesta, generada por parte de algunos cuantos integrantes de la especie humana, está intentando modificar las instrucciones biológicas que vienen consignadas en los genes compartidos entre todos los seres vivos, determinando y designando como asombrosas las decisiones particulares que se vienen expandiendo detrás de una voluntad delincuencial, mafiosa, arbitraria y peligrosa que se tiene de inmediato que erradicar de los comportamientos individuales de los miembros de la especie que se tomó por asalto la vocería natural, porque no hacerlo para prolongar la indefinición de una estúpida decisión es aceptar un suicidio colectivo y masivo en favor de lo exclusivo y privado, dando tiempo al espacio asumido por los más astutamente dementes, aunque sencillamente sean los más criminales de todos los habitantes del mundo creado con sagacidades y mercados.
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