Observar nuestras miradas extraviadas o perdidas, reflejando directamente en nuestros ojos por lo general codicias aprendidas, después de siglos de experiencias fundamentadas en mundanas avaricias, está dejando en evidencia que nos hemos transformado en seres que han abandonado los principios originales que nos heredaron los naturales caminantes de una especie buscadora de paraísos y alegrías, ahora cada vez más sedienta de sedentarias posesiones alrededor de ansiedades fortuitas.
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