martes, 29 de septiembre de 2026

MONSTRUOSIDADES ACUMULABLES


 MONSTRUOSIDADES ACUMULABLES


El largo plazo dado por los pacifistas del planeta, habitantes de un mundo estratificado por colores e intenciones, está sirviendo para ampliar períodos utilizados para mantener latentes, activos y candentes los secretos malintencionados y oscuros de un imperio, el cual en su evidente decadencia moral se va degenerando éticamente más, fundamentándose exclusivamente en el terror, son sucesos expansores para las probabilidades del uso de herramientas mortales, requeridas para lesionar a opositores de un poder sustentado y basado en lastimar personas inocentes, por lo general ubicadas en los lugares incorrectos del espacio objetivizado por los planes elaborados, organizados y puestos en marcha con la única finalidad de multiplicar muertos con riquezas, en paralelo acumulando en entidades financieras montones de tesoros y caudales materiales, obligando a los afectados a desistir luchar contra monstruosidades que apelan a sentirse superiores por el simple hecho de estar armados hasta los dientes luego de haber despojado de racionalidad sus cerebros. 
Empero, bajo el peso de los tesoros mal habidos y el estruendo producido por el metal ensangrentado, los tiranos pasan por alto una ley fundamental de la naturaleza, ningún imperio, por más armado que esté, puede encarcelar el pensamiento ni arrebatar el amanecer a quienes han aprendido a observar destellos y detalles en la intensa oscuridad, dando paso a que aquella falsa superioridad forjada en el despojo y la barbarie comience a resquebrajarse en el momento preciso en que el miedo deja de paralizar y se convierte en fogosa energía. 
Las víctimas, despojadas de todo, salvo de su dignidad y su memoria, descubren en su dolor comparativo y compartido un hilo indestructible, haciéndoles retornar al recuerdo que les dice que existe en ellos una voz antigua que murmura desde las sombras, que la razón no se extingue por decreto de las armas y las urnas cooptadas, sino que renace en el abrazo del que resiste desde los rincones olvidados, allí donde pretendían multiplicar las tumbas, surge un murmullo que se transforma en rugido colectivo. 
Ya no hay marcha atrás en cuanto las manos desarmadas pero unidas detienen los engranajes del terror, no devolviendo la monstruosidad con su misma moneda, sino desnudando la profunda cobardía de quienes creyeron que el dinero y la fuerza podían suplir la falta de empatía, armonía y solidaria equidad. 
Ahí mismo el gigante de hierro, ebrio de su propia soberbia, tambalea ante la fuerza de un pueblo que decide despertar, recordando que la luz siempre sobrevive a la noche más oscura, y que los tesoros acumulados bajo la sangre de los cadáveres tendidos, pudriéndose sobre el suelo, no son más que el peso muerto que finalmente los hundirá con el desprestigio en el olvido.

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