UNOS TONTOS CONFUNDIDOS
En el reino del consumo material, con el que los humanos nos
sentimos extasiados, el lujo, la opulencia y la avaricia personal son solo
muestras de nuestra demencia colectiva, es un mundo individual donde se opta
por cubrirse de oro y de joyas, en vez de colaborar por sacar a millones de
personas que viven en la escoria.
Trasegamos, como raza, por parámetros de
terrible confusión, hemos elegido la riqueza personal como el ejemplo de éxito
universal, no importando el modo ni la forma, mientras que todo a nuestro alrededor
se derrumba sin control.
Hoy
hay tantos tontos que prefieren tener los dientes y las camisas de oro, que
ayudar a progresar a un millón de hambrientos, que deambulan con sus vidas,
como locos, por querer vivir un día más sin tener que morir en el intento de
mendigar un mendrugo de pan.
Mientras tanto, en este presente de muerte y destrucción, estamos llenos
de pastores que pontifican sobre esta vida y la otra, enriqueciéndose subrepticiamente
de ese mensaje mentiroso, ordenando qué sobre la vida humana está la gloria de
los dioses, los mismos que hasta ahora no han podido entregar lo que en sus sagrados
libros predican; y a la vez, a los que dicen proteger, a los hombres y mujeres
solitarios, los conducen como borregos hacía un terrible abismo, que es ese mismo
mundo individual con el que nos vienen saciando el ego personal sobre la gloria
del mundo en general.
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