miércoles, 9 de noviembre de 2016

UNOS TONTOS CONFUNDIDOS

UNOS TONTOS CONFUNDIDOS


En el reino del consumo material, con el que los humanos nos sentimos extasiados, el lujo, la opulencia y la avaricia personal son solo muestras de nuestra demencia colectiva, es un mundo individual donde se opta por cubrirse de oro y de joyas, en vez de colaborar por sacar a millones de personas que viven en la escoria.                                                                                                                                             
 Trasegamos, como raza, por parámetros de terrible confusión, hemos elegido la riqueza personal como el ejemplo de éxito universal, no importando el modo ni la forma, mientras que todo a nuestro alrededor se derrumba sin control.                                                                                                                          
Hoy hay tantos tontos que prefieren tener los dientes y las camisas de oro, que ayudar a progresar a un millón de hambrientos, que deambulan con sus vidas, como locos, por querer vivir un día más sin tener que morir en el intento de mendigar un mendrugo de pan.                                                                        
Mientras tanto, en este presente de muerte y destrucción, estamos llenos de pastores que pontifican sobre esta vida y la otra, enriqueciéndose subrepticiamente de ese mensaje mentiroso, ordenando qué sobre la vida humana está la gloria de los dioses, los mismos que hasta ahora no han podido entregar lo que en sus sagrados libros predican; y a la vez, a los que dicen proteger, a los hombres y mujeres solitarios, los conducen como borregos hacía un terrible abismo, que es ese mismo mundo individual con el que nos vienen saciando el ego personal sobre la gloria del mundo en general.


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