Hacer cuentas, para que al final no cuadren las cifras buscadas, es lo que viene ocurriendo desde el instante preciso en que la humanidad decidió darle más peso a la sicología a través de la parte espiritual, pasando por encima o por debajo de la práctica real, porque entre los ejercicios matemáticos los números dan exactitudes que las explicaciones orales no tiene capacidad de igualar ni precisar con argumentos que esbocen resultados determinantes, ya que las frases están basadas en ideas y suposiciones, mientras con la aritmética la dialéctica no tiene cabida para dar exactitudes a la medida en que parte de indicios, dándole vueltas a la realidad con respecto a justificaciones que se utilizan para validar acciones sustentadas con terror, generando reacciones contrarias a la propia razón en que se establecen los hechos visibles, los que cínicamente como especie psicopática terminamos denominando inteligencia emocional.
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