LO POCO QUE EL RUIDO PERMITE NOTAR
Desde el instante en que la humanidad asesinó al silencio natural, aquel instante que permitía vislumbrar lo que se nos venía encima después, el espacio circundante vive roto por las palabras que se armonizaron con las estrambóticas mentiras y el engaño, escondiendo las verdades que la realidad no se cansa de mostrarnos, ya muy pocos integrantes de las sociedades creadas por los más codiciosos quieren mirar o escuchar, ahora se prefieren los ruidos que atañen a los falsos paraísos, vendidos por sus directos asesinos, arropados por los supuestos y admirados avances tecnológicos, aunque de lógicos tienen más bien poco.
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