ELLA Y LA MUERTE RESULTAN SER LO MISMO
Mientras la quise las noches no existieron, porque las horas se iluminaban con su rostro infinito, cubriendo con sombras los posibles rincones, ya que por momentos buscaba que sus insoportables caricias no encontrarán escondites, pues mi cuerpo no aguantaba más roces de su boca sedienta de mí, ahora cuando no la tengo a mi lado, me excito con sus recuerdos anclados en mis neuronas, desesperadas éstas pidiéndome que no la vaya olvidar, porque entonces acelero la llegada de la muerte que aguarda junto a mí, mirándome con los mismos ojos con que ella antes de irse me veía, transformando los objetos a mi alrededor en los últimos testigos del silencio que me quiere atrapar, sin que mis emociones se puedan despojar de las increíbles sensaciones que tuve con ella.
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