Las noches no contienen ni traen las oscuridades que experimentamos, las reales y mentales, ellas están instaladas en el espíritu de una humanidad integrada por comunidades de individuos desalmados, que han optado por despertares entre amaneceres opacos, nublados y determinados por otros, quedando y estando al servicio de los seres que la quieren someter, para hacerle padecer las peores bajezas que unos organismos puedan soportar, empezando por las desesperanzas y las desilusiones, basados en fundamentos sicológicos que se tienen que sufrir para alcanzar los éxtasis dentro de un oasis que no se encuentra aquí, sobre el planeta, al cual primero se debe destruir para alcanzar lo que nunca estando en vida se va a disfrutar, porque a quienes elegimos para dirigir nos quieren primero enterrar para que ellos luego puedan sentir que encontrándose solos a los demás nos han hecho sufrir, y ahí sí entonces sentirse completos y felices en medio del caos y la destrucción del único paraíso cósmico hasta ahora existente.
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