sábado, 28 de marzo de 2026

UNA COLISIÓN SISTEMÁTICA

 

UNA COLISIÓN SISTEMÁTICA 


La anatomía de los hechos consumados están relacionados con la necrosis que padece la voluntad propia detrás del éxito. La inconformidad no es un fenómeno espontáneo, sino el subproducto de una fricción termodinámica: el choque de placas tectónicas al interior de las personas, entre la entropía del azar particular y el esfuerzo dirigido por la voluntad de parecerse a otra criatura. En este impacto, los acontecimientos no son logros, sino diagnósticos. Actúan como espejos que no reflejan nuestra potencia, sino la atrofia de nuestras capacidades frente a un diseño superior. No somos arquitectos de un destino, sino simples y sencillos albañiles de la escasez, gestionando las limitaciones de un entorno que fagocita cualquier proyección idealizada.
Tras la colisión ideológica quedan los escombros sobre los que la existencia se convierte en una labor de reconfiguración forzada. Lo que llamamos "vida" es, en rigor, una sucesión de prótesis existenciales construidas sobre las ruinas de lo que no pudo ser. Aquí, la adaptación pierde su barniz romántico de resiliencia para revelarse como lo que es: una sumisión obligatoria a la impostura. El "éxito" queda entonces despojado de su brillantez o mística, quedando reducido a una categoría ambigua, un título otorgado por la inercia de quienes mejor han sabido habitar su propia derrota.
El cierre de los ciclos lo dicta la dictadura de lo cronológico. El tiempo no fluye, sentencia. Ante el hecho consumado, la autonomía es una ilusión óptica. No hay bifurcaciones en el pasado, solo una línea recta de sucesos históricamente realizados, que al final de cada posible meta se solidifican como hormigón. El individuo queda atrapado en una cronología que no le pertenece, donde su única "victoria" es la crónica de una lucha estéril contra lo inalterable.

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