Somos las dianas, algunas descentradas entre los objetivos que se persiguen atinar, por parte de aquellos que se consideran tener siempre la razón, al navegar por encima de las olas de un océano inundado de contradicciones y vicisitudes creadas por ellos, exclusivas para los que no sabemos nadar ni flotar sobre las superficies minadas, precisamente por confiar cándidamente en las palabras que se dicen o escriben taxativamente, buscando engañar a todo aquel que se ahoga entre los sucesos, al ser fabricados con maquinaciones engañosas, materializadas como si fueran prodigios por corporaciones dispuestas a explotar cualquier partícula, elemento o sustancia a la que se le pueda extraer hasta la última gota de su esencia natural.
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