LA OSADÍA DEL DELINCUENTE ES LA CRESTA EN LA OLA DEL
MIEDO
Montándose sobre las olas más
violentas de la realidad,
allí donde se encuentran
las crestas más notorias de la ilegalidad,
muchas personas encuentran
el impulso perfecto y necesario para desarrollar,
sobre el desprestigio
personal, el instrumento ideal para triunfar y dominar.
Comunidades enteras se
vuelven expertas en violentar a sus integrantes,
construyendo sociedades, sistemas
y agremiaciones de explotación directa,
creando con ellas canales
de sumisión, encontrando en la extrema violencia
el arma perfecta para someter
y aterrorizar a quienes se enfrenten a ellos.
En estos modelos de
sociedades la osadía es el mejor lubricante,
la cual encuentra en el capital
la herramienta que mueve y engrasa
el engranaje social, con
el que se pone a funcionar a toda esta clase
de personajes, todos ellos
dispuestos a arriesgar su vida personal,
buscando el éxito que les brinda
el miedo y la muerte de los demás.
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