EN LA REALIDAD DE UNA ESPECIE
DESVIROLADA
Soñando en paraísos etéreos
la humanidad se diluye entre la realidad
de un mundo
inespacial y atemporal, allí donde son los dioses
quienes solos dominan
y rigen nuestros destinos,
convencida que nuestra
propia concepción intelectual de la única y verdadera realidad
es mucho más
importante que la capacidad real que poseen las leyes del universo,
para sin ellas ubicarnos
en nuestro respectivo lugar del espacio que ocupamos,
desagregando, a
través de nuestra incapacidad mental,
la suficiente energía
celular, entre cada átomo de nuestro cuerpo,
no pudiendo entonces entender
el cómo encender cada esfuerzo molecular,
para cambiar la
voluntad intelectual dentro de una especie descerebrada,
aunque desesperada, al
saberse incapaz de encontrar el eje desde el cual gira la verdad,
pero la natural, en
cuanto que sobre él se mueve toda la vida en general.
Divagar, al respecto
de la realidad, ha sido el camino escogido por la humanidad,
y con el correr del
tiempo, el espacio dispuesto se sigue encogiendo,
mientras tanto, nuestra
materia sigue sin remedio perdiendo su masa,
la cual se va transformando
lentamente en el vacío que ocupamos sin remordimientos,
creyendo con fe
absoluta que podrán los dioses salvarnos de nuestra ineptitud mental.
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