lunes, 20 de abril de 2020

ENTRE LOS MUROS DE UNA CONCUPISCENCIA


ENTRE LOS MUROS DE UNA CONCUPISCENCIA

Los muros de cemento y hormigón, alzados por todas partes en las ciudades,
pareciera que se han levantado para evitar escuchar los cantos,
de los Pellares, cuando buscan éstos hacer sus nidos o a sus parejas,
como igual sucede con los trinos de los Turpiales,
cuando encuentran éstos a las suyas, o los de tantas otras aves y animales,
que fueron empalados y emparedados entre sus lozas,
ya que han optado, los seres humanos, oír los ruidos de los autos,
el eco de los tiros en las guerras o el resonar de las máquinas trabajando,
maquinando, sin descanso, la transformación de la Tierra,
la cual destroza mientras desbroza los últimos espacios vírgenes y naturales,
donde ha querido enterrar al futuro propio, y el de todo lo demás.

Tanto es así, que han decidido sincronizar sus ciclos de reproducción
con los mismos sonidos de la producción industrial,
acompasando al mismo tiempo el ritmo de su corazón con las estaciones
de mayor contaminación, generando estragos en la condición natural,
de los bosques y los lagos, donde ríos de humanos han dejado expuestas
sus propias vidas, pagando el precio de una precaria salud,
que después les esclaviza, al sufrir por concupiscencia y polución.
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