EL POBRE VIEJECITO LASTIMERO
Sólo basta escuchar los clamores y alegatos del pobre viejecito lastimero, retirado del poder que ostentaba, reclamando la solidaridad de los otros, a los que el mismo desprotegió profesando a favor de los más grandes sanguinarios, justo después de enfrentar a los que ya hacían de las suyas en los campos y ciudades de un país insolidario, en el cual es muy fácil encontrar todo tipo de antisociales, para entender por qué es el alto grado de descomposición moral, al que sus dirigentes políticos han llevado a una sociedad extraviada entre los suelos tapizados de cadáveres putrefactos, llenos de gusanos antropófagos, ansiosos por devorar las carnes de sus victimas y los erarios.
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