DESCOMPONIENDO UNA OSCURIDAD EN EL
ÁMBITO TERRENAL
La singularidad que tienen
una simple onda de luz consiste en descomponerse en partículas de energía,
reflejando, durante su
recorrido, la particularidad que posee la materia oscura entre los electrones y
fotones que la contienen,
en cuanto se requiere demasiada
imaginación para sentirla al verla.
Mitos se han edificado alrededor
de esta teoría científica, tomando forma entre las ideas de sociedades enteras,
a través de seres divinos,
aunque sean conceptos humanos que se traslapan hacia sus sentimientos y emociones,
como lapas,
difíciles de erradicar o separar
de las neuronas y de las pieles de criaturas, humanas o no, en permanente descomposición,
haciendo, por
consiguiente, continua su convivencia sobre un planeta plagado de seres en
decadencia por las faltas de evidencias.
En los inicios de las
civilizaciones humanas dioses como Baal reclamaban sacrificios de animales
vivos,
igual lo hizo Yahvé y Adonáis
para exigir la obediencia y fe de su pueblo, también Brahma clamó su soberanía,
igual sucedió con Zeus, Ra,
Júpiter, Alá, Tacatecuhtli, Itzamná, Kukulkán, Bochica, Viracocha o Sué,
todos ellos, considerados
dioses, pedían sangre a cantaros sobre las piedras de sus templos,
incluso corazones que
siguieran palpitantes después de arrancarlos de los cuerpos,
hoy los dioses, por medio
de sus falsos emisarios, se conforman con la secuencia de una materia
monetaria,
la cual pueda ser seguida recorriendo
las cuentas bancarias de millones de personas en bancarrota intelectual,
por no poder o querer entender
las leyes naturales ni de qué está compuesta la materia universal,
partícula esencial de cualquier
masa corporal en cada ser evolucionado a partir de una célula elemental,
desde donde tiene que
surgir la gravedad de una fuerza suficiente para amalgamar a una especie
insuficiente para ella misma.
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