PROCRASTINADORES SIN TIEMPO
Somos seres
procrastinadores por excelencia,
acostumbrados por
evolución a esperar que el tiempo aguarde
nuestro momento impreciso
para actuar,
sin intuir que es
precisamente nuestro no actuar
lo que no le da tiempo
precioso al tiempo de aguardar.
Acostados sobre nuestros
costados, aplanamos nuestras acciones inmediatas,
aplazando con ellas
nuestras labores más urgentes, el momento de un cambio,
asfixiando la conciencia
de una inconsciencia supina que entorpece nuestros actos,
mientras tanto, labramos
las obras con las que aguardamos las pocas horas
que faltan para llegar al
final de una espera,
ésta que con calma aguarda
el fin de una era,
aquella que comenzó cuando
el cerebro humano empezó a procrastinar.
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