Con agresivas ordenanzas, aquellos pocos que ostentan el poder político y económico, apoyándose con el religioso, no reparan que a través de ellas descomponen y desmoronan aceleradamente la equidad social, un manejo desproporcionadamente despreciable hacia los seres humanos más vulnerables, demostrando que la casta que acumula la riqueza global, de manera miserable, sus integrantes no quieren observar las causas y consecuencias que multiplican al interior de sociedades a punto de colapsar, al confrontar a cada persona frente a los hechos que les indican que no tienen para aguantar por mucho tiempo, acercando la toma trascendental de una decisión que no se puede seguir aplazando, escisión que camina paralela al cambio definitivo de los sistemas de producción, alimentadores de unos mercados marcados por compras y demandas falsificadas, por los que con ellas limpian sus sucias fortunas, ilegales y mal adquiridas.
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