La destrucción cíclica del planeta, y por consiguiente del medio ambiental, es un asunto irreversible e irreparable, desde que los intereses particulares y personales se volvieron inatajables y más importantes, además de haber sido convertidos en subproductos corporativos, imponiéndose desde entonces sobre la civilización, atropellando y pasando por encima de la colectivización general, circunstancia de tiempo, modo y lugar que sí no se deja de procesar, ver y aceptar, cual si fuera el principal medio de existencia, conducirá inexorablemente a la macro vida hacia su disolución y desaparición, en paralelo a la emanación de una micro inconsciencia global.
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